La Tribuna de Ciudad Real
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20 de noviembre de 2018

Alarcos, una aventura

D.F. - jueves, 8 de noviembre de 2018
Alarcos, una aventura - Foto: Tomás Fernández de Moya
Alumnos del Colegio San José recorren el Parque Arqueológico en una visita guiada que incluye la realización de varios talleres

Son chiquillos de seis años que se siente fascinados por las explicaciones que les va dando Bárbara Picazo, guía de turismo del Parque Arqueológico de Alarcos. Los pequeños, escolares de primero de primaria del colegio San José acaban de visitar la ermita, han probado la sonoridad de la campana instalada en las cercanías del templo y han admirado la mole de la torre pentagonal que ejercía de proa de la fortaleza hacía su antigua villa. Los niños observan divertidos como la joven guía se mueve por lo que eran las viviendas de la fase de ocupación almohade con una pequeña teatralización que le permite dejar más claro la función de cada elemento de la construcción.

Sin embargo, la lluvia obliga a acortar el programa y pasar sin detenerse por la zona del santuario ibérico para que los pequeños se acojan al refugio ya en las instalaciones del Parque Arqueológico.

Su profesora Purificación, detalla que ha visto a sus alumnos «muy activos y muy participativos durante la visita», pero al mismo tiempo muy pendientes de las explicaciones de su guía.

De hecho, durante la visita a la ermita les fue bastante fácil recordar a coro las distintas partes de una columna poco después de que Picazo las indicara en otro de los ejemplares de la pequeña iglesia dedicada a Nuestra Señora de Alarcos.

Esta visita es una más de las que se están programando en coordinación con el Ayuntamiento de Ciudad Real desde hace aproximadamente un mes y que el curso pasado se saldaron con la presencia de 1.600 escolares. Estas visitas se programan de miércoles a viernes en colaboración con la Asociación de Amigos del Parque Arqueológico de Alarcos.

Picazo explica que los contenidos de la vista se adaptan a la edad y los conocimientos de los grupos participantes. «Cuando son escolares lo simplificamos un poquito para que lo entienda mejor», comenta. De hecho, además del recorrido por los principales elementos del sitio arqueológico, el programa incluye un taller en el que los pequeños visitantes pueden jugar a ser arqueólogos y descubrir algún objeto ‘oculto’, construir un escudo o hacer monedas de distintas épocas con pasta.

De hecho, en el momento en el que los alumnos de primero C del colegio San José se asombraban ante las dimensiones de la torre pentagonal, sus compañeros de segundo se encuentran en el aula de talleres, después de hacer su recorrido.

Entre los niños, Minerva Babiano, una bromista de seis años que aún recuerda una visita anterior cuando aún tenía cuatro años, se declara fascinada por «el castillo y la torre», de la que recuerda que tienen cinco lados «y es como un barco».

Su compañera Irene Braojos, que también se encuentra bajo el embrujo del castillo, tiene que hacer un pequeño esfuerzo para recordar las distintas culturas que vivieron en el cerro, «primero los íberos, los romanos, luego Alfonso VIII y los musulmanes», consigue relatar.

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Alarcos, una aventura Tomás Fernández de Moya
Alarcos, una aventura - Foto: Tomás Fernández de Moya
Alarcos, una aventura Tomás Fernández de Moya
Alarcos, una aventura - Foto: Tomás Fernández de Moya
Alarcos, una aventura Tomás Fernández de Moya
Alarcos, una aventura - Foto: Tomás Fernández de Moya
Alarcos, una aventura Tomás Fernández de Moya
Alarcos, una aventura - Foto: Tomás Fernández de Moya
Alarcos, una aventura Tomás Fernández de Moya
Alarcos, una aventura - Foto: Tomás Fernández de Moya
Alarcos, una aventura Tomás Fernández de Moya
Alarcos, una aventura - Foto: Tomás Fernández de Moya
Alarcos, una aventura Tomás Fernández de Moya
Alarcos, una aventura - Foto: Tomás Fernández de Moya
Alarcos, una aventura Tomás Fernández de Moya
Alarcos, una aventura - Foto: Tomás Fernández de Moya
Alarcos, una aventura Tomás Fernández de Moya
Alarcos, una aventura - Foto: Tomás Fernández de Moya
Alarcos, una aventura Tomás Fernández de Moya
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